COLUMNA ABIERTA

Tecnologías y discapacidad

 

Escribe: Doctor Juan Devetak, Director Provincial de Atención Integral de la Discapacidad.

 

La Dirección Provincial de Atención Integral de la Discapacidad está desarrollando una campaña de difusión para que la comunidad en su conjunto tome conciencia plena acerca de las problemáticas que afectan a las personas discapacitadas en forma cotidiana.
La siguiente columna pretende realizar un aporte en esta dirección, abordando el tema desde una perspectiva integral y promoviendo mayores esfuerzos individuales y colectivos para brindarles más oportunidades a las personas excluidas por la sociedad.
No hace mucho tiempo que se comenzó a hablar de las “tecnologías apropiadas”. El afán por el desarrollo mecánico e industrial, llevó a pensar que todo podía o debía estar perfectamente montado, como un mecanismo de relojería. Esta idea, válida en algunos campos del conocimiento y la actividad, se contrapuso a la limitada capacidad de las personas, cuando sus propias entidades se alteraban, ya sea por enfermedades, accidentes o guerras. Menciono la guerra, porque el desarrollo de tecnologías bélicas acompañó al de las tecnologías quirúrgicas, adaptativas, y otras: se necesitaba “carne de cañón”, mano de obra disponible para el frente de combate. Y las lesiones que antes requerían meses de tratamiento, se repararon en semanas o días…
El desarrollo tecnológico en la era informática invadió territorios, antes claramente delimitados, con la bioingeniería, la manipulación genética, y otras áreas que no alcanzamos a delimitar ni comprender con claridad.
A todo esto se opuso de alguna manera, un retorno a lo natural y simple; una postura que nos retrotraía a “Walden”: es posible vivir en una simple cabaña, de lo que producen las propias manos.
En “Artesanos de lo necesario” se nos describían estas modalidades de vida, donde la costumbre ancestral había descubierto leyes naturales que aplicaba en forma sencilla, en una cultura que se transmitía entre generaciones con muy pocos cambios.
Estas dos posiciones, antagónicas en su desarrollo, llegan sin embargo a un punto de intersección al aparecer las “ciencias de las encrucijadas”. Cuando alguien necesita un recurso “tecnológico” que desconoce, se vale de los “objetos” que encuentra a su paso para resolver la situación. La diferencia que nos humaniza, suele tener que ver con el hecho de utilizar “herramientas”. Esas herramientas, perfeccionadas, han pasado sucesivamente de la piedra al martillo; y más allá… Pero esta serie de artículos se refiere a un área especial, y a ella me remito.
En un programa de Rehabilitación de base comunitaria, originado en Méjico, se nos mostró la alternativa que llamaremos tipo “Walden”: si necesito un bastón puedo construirlo con una rama.
Este pensamiento, si bien pone de manifiesto la posibilidad de desarrollar soluciones desde el punto de vista de quien las necesita directamente, deja expuesto una condición particular: no es necesario hacer nada más. Que sobreviva el más apto, y quien no pueda, perezca.
Entre nosotros se está dando un trabajo que surge de la fusión de ambas tendencias, en una línea de convergencia: con la participación de usuarios; de expertos; y de desarrolladores técnicos, se evalúan las necesidades y se diseñan metodologías y artefactos. Y por otro lado, se proveen los elementos necesarios para que la misma comunidad de origen encuentre los procedimientos para construir y utilizar en forma apropiada estos recursos.
Se comenzó con el diseño y fabricación de sillas de ruedas, bastones y muletas, en los talleres de escuelas técnicas, asistido desde áreas tecnológicas (INTI), Ministerio de Educación; Salud Pública y otras entidades vinculadas al sector (CONADIS), y aquí, la D.P.A.I.D.
Las siglas y los nombres son ahora lo menos importante. Lo que queremos destacar es que en muy pocos días, en Esquel, se llevará a cabo un encuentro al que se invita a participar – con rol protagónico – a docentes y estudiantes de diferentes niveles; equipo de salud en particular en las áreas de rehabilitación; y a cuanta persona quiera asumir la responsabilidad de compartir activamente un espacio de reflexión, demostración de actividades ya realizadas, propuestas y cambio.